El día de un geminiano
Despertaste, como siempre, antes del despertador. No fue el sonido el que te arrancó del sueño, sino esa inquietud silenciosa que se instala en el pecho sin avisar. A las cinco de la mañana el mundo aún dormía: la habitación quieta, el aire frío, la ciudad suspendida. Tú no. Ya estabas despierto, pensando, adelantándote a todo sin una razón...







