Unos cuenticos

 

Despertaste, como siempre, antes del despertador. No fue el sonido el que te arrancó del sueño, sino esa inquietud silenciosa que se instala en el pecho sin avisar. A las cinco de la mañana el mundo aún dormía: la habitación quieta, el aire frío, la ciudad suspendida. Tú no. Ya estabas despierto, pensando, adelantándote a todo sin una razón...

En agosto, cuando el amor soplaba en todas las direcciones, las mariposas bailaban en los estómagos de los enamorados y los besos se enredaban en el placer, había una mujer que soñaba con la inconmensurable noticia del matrimonio con aquel hombre que juro siempre "amarla".

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